Contentándote con poco, lograrás mucho. Persiguiendo mucho, te desviarás del camino. La persona sabia atiende este precepto. ¡Y sería bueno que este precepto también persuada al mundo entero!.

La persona sabia cree, no sólo en lo que ve con sus ojos físicos y por lo tanto, ve claro. No se considera como la única que tiene la razón y por lo tanto, sabe la verdad.

No tiene sed de honor, pero las personas le honran. No busca ser una autoridad, pero las personas le siguen. No lucha contra nadie y por lo tanto, es invencible. No siente la auto-compasión y por lo tanto, puede perfeccionarse con éxito.  Sólo aquel que no procura estar delante de todos, puede vivir en armonía con todos.

La persona sabia se ocupa de todos y por lo tanto, se vuelve un ejemplo para todos. Es luminosa, pero no busca brillar. No se alaba, pero aun así le respetan. No se enaltece y por lo tanto, siempre le tienen en mucha estima.
En tiempos muy remotos, decían que lo imperfecto se mueve hacia la Perfección. ¿Acaso son palabras vanas? ¡No!… ¡Es verdad, alcanzando la Unidad, llegarás a la Perfección!

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